sábado, 7 de noviembre de 2009
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viernes, 6 de noviembre de 2009
LOS NIÑOS Y LOS GATOS
Un gato puede tener un efecto muy positivo en la educación de un niño. Los niños aprenden mediante la convivencia con un gato cómo pueden dar amor y cariños al gato y también pueden desarrollar un sentido de responsabilidad. Con el paso del tiempo el niño puede asumir cada vez más tareas en la alimentación y el cuidado del gatito pero Vd. debería vigilar lo que el niño está haciendo.
Especialmente con niños pequeños hace falta su atención permanente. Muchas veces los niños pequeños ya no saben que pueden causar daño al gatito cuando lo tiran de la cola, de la pierna o mediante ruido. Por eso debería vigilar su niño y observar cómo trata al gato y si hace falta, explicar y enseñar al niño, cómo puede tratar bien al gatito.
Enseñe a su niño cómo puede elevar el gatito. Lo mejor sería poner una mano detrás de las patas delanteras debajo del tórax y la otra mano apoya el gatito debajo de las patas traseras. Un gatito joven también se puede elevar en la cerviz pero con apoyar las patas traseras.
También hay que tener en cuenta que algunas personas sufren de una alergia a los pelos de gato de forma que eventualmente debería hacer una prueba de alergia para Vd. y sus niños.
EL GATO DOMÉSTICO
Desde luego el gato doméstico es una criatura reservada, de espíritu independiente, y quizás simplemente a ello se deba la caracterización de mágico o diabólico que muchas veces se le ha asignado. Esta caracterización tiene su fundamento en situaciones a veces muy particulares. Suele ocurrir por ejemplo, en una noche totalmente tranquila y relajada, donde uno se siente también tranquilo y relajado, junto al gato que también está tranquilo y relajado, que de repente vemos a este último con las orejas hacia atrás, las pupilas dilatadas, el dorso arqueado y el pelo erizado, moviendo la cola y mirando absorto un punto fijo en el cual nosotros no vemos nada fuera de lo común. O bien de repente, estando tranquila, nuestra mascota felina comienza a correr por toda la casa a toda velocidad, queriendo atrapar algo muy concreto, que sin embargo no existe, o al menos nosotros no lo vemos. Este tipo de comportamientos hacen pensar que los gatos domésticos podrían tener un sexto sentido, o una sensibilidad espiritual que sólo ellos poseen, que hace que siempre sepan más de ciertas cosas que nosotros los humanos, o mejor dicho, que las perciban de manera diferente.
Los gatos poseen sentidos sumamente agudos, y muchas veces reaccionan ante situaciones aparentemente tranquilas, porque perciben sonidos o vibraciones y detectan olores que nosotros no podemos detectar. Son capaces de prever, por ejemplo y con varias horas de anticipación, catástrofes producidas por erupciones volcánicas o terremotos.